En septiembre de este año Ben Bernanke, el titular de la Fed, anunció que ya observaba la aparición de los primeros “brotes verdes”, pero no se animó a emitir un juicio sobre las consecuencias de la mayor debacle en varias décadas. Fue precisamente esta dualidad en el mensaje un reflejo de cómo los mercados y los analistas avizoran el futuro inmediato.
La discusión apela al alfabeto
No será lo mismo que la reacción de la economía describa una forma similar a la U que a la V, o a la W. Las diferencias entre ellas resultan sobresalientes. Para la economía y, por supuesto, para las bolsas.
L: implica caída y estancamiento posterior. El ejemplo clásico, según consigna Orlando Ferreres es Argentina entre 1998 y 2001. La explicación es que una vez que la economía toque fondo ingresará en un largo período de estancamiento y probablemente inflación. Esta alternativa recogió mucho adherentes al inicio pero se fue desdibujando con el tiempo.
V: esta forma es que pronostican los optimistas, que consideran que se registrará una recuperación acorde a una fuerte caída. El ejemplo clásico es Hong Kong entre 1997 y 1999.
U: la superación será pronunciada pero mucho más lenta, de acuerdo a los daños que generó la crisis. Los analistas la asocian a lo ocurrido en Japón entre 1998 y el 2000.
Este es el escenario elegido por Nouriel Roubini, uno de los garúes más respetados por Wall Street. El “doctor catástrofe” considera que “no habrá una recuperacón rápida ni nada por el estilo. El riesgo de una nueva caída de la economía es, por el momento, poco probable”.
W: una cierta recuperación inicial sería seguida por una nueva contracción que eche por tierra todo el crecimiento logrado hasta ese momento. El ejemplo más claro es Suecia entre 1991 y 1993, período en el cual sobrevino una nueva crisis luego de una recuperación inicial.
Las razones que dan los partidarios de la W en la reactivación global son el incierto equilibrio de factores positivos y negativos que se ciernen sobre el horizonte. Si bien se diluyó la posibilidad del colapso del sistema internacional de pagos, ello no dio lugar a un crecimiento económico de niveles anteriores al estallido de la crisis económica.
El premio Nobel Joseph Stiglitz se suma a esta posición, cuando considera que “la crisis no ha terminado”. En su opinión la economía a nivel global será débil por al menos otros tres años con un aumento del desempleo y la pobreza”.
Paul Krugman, otro economista laureado por la Academia de Ciencias sueca, afirmó recientemente que espera una recaída de los mercados en los próximos seis a ocho meses, por lo que también abona a esta teoría.
Para muchos, esta posibilidad es la que genera la mayor preocupación. Es decir, que después de una sólida caída se produzca una especie de tímida recuperación que no sería sino una cicatrización en falso a la que seguiría una nueva caída tras la cual sí llegaría la recuperación definitiva.
Según las perspectivas financieras de Saxo Bank, es factible una recuperación en 'W' en las economías desarrolladas y que transcurran "otros 18 meses hasta que se materialice ese empeoramiento posterior a la reactivación primera”.
X: quienes eligen por esta letra esgrimen el argumento de que a esta altura de las circunstancias, es casi imposible prever como evolucionará la crisis.
Dejen el abecedario, practiquen matemáticas
Es la visión que tienen por ejemplo los expertos de UBS, que apuestan abiertamente a esta alternativa por varios factores:
- El desapalancamiento de los balances de bancos, empresas y familias;
- La suba de las tasas de interés,
- La absorción de liquidez por parte de los bancos centrales a partir del 2010
- Un crédito cada vez más escaso y caro,
- Un exceso de capacidad productiva,
- Un consumo débil debido a la elevada tasa de desempleo y
- Un enorme déficit público que obligará a subir los impuestos y reducir el gasto
La mayoría de los analistas estiman que la economía se encuentra en la segunda parte de este signo, es decir, sufrió una rápida contracción económica seguida de una recuperación, que da paso a un periodo de largo letargo y cuyo reflejo sería un crecimiento estancado en los próximos ejercicios.
Las bolsas se nutren de expectativas y éstas serán diametralmente distintas entre una y otra letra. Si pudieran elegir, los mercados bursátiles se inclinarían por una V, ya que la recuperación sería rápida.
