miércoles, 8 de abril de 2020

El coronavirus desata nueva ola de devaluaciones y pone mayor presión sobre el peso argentino

El impacto económico del COVID-19 comenzó a hacerse sentir en la mayoría de los países de la región. La situación se configura como un shock externo de magnitud: las diferentes monedas se deprecian ante la fuga de capitales a destinos más seguros por la incertidumbre que la enfermedad genera. Es más, con su aparición, el coronavirus no hace otra cosa que acelerar una tendencia que ya se venía observando en los meses previos, según la cual todas las monedas de la región perdieron valor con respecto a la divisa estadounidense. En Argentina, esta situación genera una inquietud adicional, porque implica un movimiento devaluatorio justo en un momento en el que el Gobierno apela a la estabilidad cambiaria como un pilar del programa económico y como ancla del resto de los precios. La peor parte la lleva el real brasileño, ya que se depreció más del 14% para alcanzar un nivel récord de 4,63 reales por dólar. Le sigue de cerca el peso chileno, que perdió un 11,4%; y luego se posicionan el peso uruguayo, con el 6,5%; y el guaraní, con 5,9 por ciento. Aún más abajo se ubican México y Argentina, que promedian el 4,3%; y Colombia, con el 0,5 por ciento. Para poner en perspectiva lo sucedido en Brasil, hay que señalar que la inflación esperada para el corriente año en el vecino país es del orden del 3,6%. Es decir que el alza del dólar ya cuadruplica dicha estimación. Según los analistas consultados por iProfesional, son varios los motivos que coadyuvaron a esta situación. Entre ellos, se puede mencionar que a mediados de noviembre el Banco Central de Brasil comenzó a convalidar una tasa de interés extremadamente baja, algo inusual en esa economía. Aún con la moneda en declive, el ministro de Economía Paulo Guedes insiste que en su país "se terminó la época del dólar barato". Ya en el orden político, las dudas de los inversores se centran en la posibilidad concreta que pueda tener el presidente Jair Bolsonaro de lograr aprobar las diferentes reformas estructurales en las que está tratando de avanzar. La cuestión es que el mercado pone en tela de juicio si podrá concretarlas. Este punto es, en su opinión, fundamental para que Brasil retorne a la sendera del crecimiento sostenido. Entonces, con la crisis del coronavirus que impacta a nivel global y las dudas sobre la efectividad de la política interna de Bolsonaro, los fondos de inversión optaron por salir del país para refugiarse en títulos más seguros, como son los del Tesoro de los Estados Unidos. Según datos oficiales, a lo largo de febrero la salida de recursos extranjeros de la Bolsa de San Pablo rondó los u$s3.500 millones. El peor día fue, curiosamente, el miércoles de Cenizas, cuando tras los feriados de Carnaval los retiros de la Bolsa de San Pablo superaron los u$s600 millones. La baja en las cotizaciones del Bovespa estuvieron en el orden el 7 por ciento. De esta manera, al cabo del primer bimestre la salida de fondos ya supera los u$s7.500 millones. En comparación, a lo largo de 2019 la fuga rondó los u$s10.000 millones, lo cual da una idea de la magnitud de la crisis. Efecto coronavirus en el cono sur Si bien en menor medida que en Brasil, la situación en Chile es parecida, pues el dólar pasó de los $739 a los actuales $824 en cuestión de semanas. En lo que va del año, los inversores externos han retirado capitales por unos u$s4.100 millones, lo que impacta en la oferta de dólares, y en consecuencia, presiona al tipo de cambio al alza. "Luego de que todo el mes estuvo más bien plano, la salida que se registró en algunos días puntuales sobre el fin de mes y en lo que va del actual es relevante, pues no se veía un monto así desde hace un tiempo. En las últimas semanas los movimientos fueron, entre salidas y entradas, por montos en torno a los u$s200 millones", explica la economista de Euroamerica, Martina Ogaz. "Desde el inicio del brote de coronavirus, el flight-to-quality o fuga a la calidad se ha incrementado y eso ha llevado a una salida de agentes externos, lo que genera presión sobre el peso chileno. Esto se observa a nivel global, no sólo por la situación particular de Chile", confirma la economista de Bci Estudios, Francisca Pérez. En Uruguay, por su parte, la cotización del dólar alcanzó un nuevo máximo desde el 1° de marzo de 1993, cuando empezó a circular el peso uruguayo como moneda (más allá de que se trata de un hecho anecdótico, ya que económicamente no implica nada por el largo período transcurrido). Una fuente del gobierno uruguayo consultada sobre la forma en que se viene administrando la situación cambiaria, expresó que "no hay cambios en la estrategia del BCU, ya que se evalúa la situación día a día y mientras el dólar siga la tendencia de los mercados relevantes, no amerita una intervención decisiva". No obstante estas afirmaciones, los inversores y analistas están a la espera de las primeras señales que emitan las nuevas autoridades económicas del país, a días de haberse registrado el cambio de gobierno. Precisamente, el presidente Lacalle Pou afirmó recientemente que "Uruguay tiene que valorar la canasta de monedas con las cuales compite y la de la región, Brasil y Argentina. Diría que el dólar tiene que estar un poco por arriba, lo que no puede haber son saltos bruscos. Y agregó que "es difícil el control por el Banco Central de cuánto y cómo sube el dólar" Mientras tanto, el Banco Central de la República Argentina hizo pública su posición al afirmar que "tendrá "una política cambiaria de flotación administrada para evitar fluctuaciones pronunciadas de la paridad que generen efectos negativos sobre la competitividad, los precios internos y la distribución del ingreso". Dicha decisión se basa en el hecho que la estabilidad vigente desde agosto, en un marco de fuertes restricciones en el mercado, es una de las variables que permitiría, en estos meses, mantener la tendencia a la desaceleración de la suba de precios. Esta definición se comprueba en los hechos en la evolución del tipo de cambio en las últimas semanas, ya que solo a partir de febrero éste comenzó a trepar en forma leve pero sistemática, en un intento de evitar que se retrase frente al avance de la inflación. Pero claramente esta "plancha" de los precios comienza a generar inquietud entre los analistas. De hecho, para Matías Rajnerman, economista jefe de la consultora Ecolatina, "el tipo de cambio se atrasó mucho desde el cepo hard, eso obliga a que empiece a subir; de hecho el mayorista ya está encima de los $62, lo que demuestra que lo están dejando ir". El impacto sobre el tipo de cambio real de Argentina En los últimos seis meses, luego del salto registrado post-PASO, el dólar mayorista se mantuvo prácticamente sin variantes hasta fines de enero en torno de los 60 pesos. Luego comenzó a subir en forma moderada, hasta superar los $62 en la actualidad. Esta relativa estabilidad en las cotizaciones, que en gran medida se debió al permanente monitoreo que llevó a cabo el Banco Central, se contrapuso a una inflación que lejos de ceder, trepó en forma sostenida, en particular en el segundo semestre del año pasado. Como resultado de ello, el tipo de cambio real multilateral que elabora el Banco Central pasó de los 141 puntos a los 118 de la actualidad. Ese indicador surge del "Ponderado por el comercio de manufacturas" y actualmente le asigna a Brasil un peso del 30%, a Estados Unidos 13%, a China 15% y a la zona del euro un 20%. Si se analizara este período en forma aislada, se llegaría a la conclusión que en este lapso el tipo de cambio se apreció nada menos que un 16 por ciento. Pero si se considera un período más prolongado, se puede concluir que ese nivel de agosto del año pasado fue un fogonazo muy difícil de sostener y que el nivel actual está prácticamente en línea con los correspondientes al primer semestre de 2019. Más allá de esta visión de largo plazo, en los últimos tres meses, en coincidencia con la entrada en funciones del nuevo gobierno, se produjo un cambio sustancial en las condiciones de los mercados internacionales. Esto fue, en particular, por la inesperada y abrupta expansión del coronavirus, que puso en estado de alerta tanto a inversores como a los bancos centrales de la mayoría de los países. Como consecuencia de ello, y en forma silenciosa, la mayoría de las monedas perdieron frente al dólar, en un intento de no perder competitividad, lo cual impactó en forma directa en su relación con el peso argentino. De hecho, en estos tres meses el tipo de cambio real multilateral retrocedió casi 5 por ciento. En tal sentido y como surge del cuadro anterior, a excepción del correspondiente a China, pues el yuan se mantuvo sin variantes frente al dólar -que mejoró poco más del 2%-, en el resto de las zonas o países se registraron caídas: van desde 3,2% en el caso de la Zona Euro o los Estados Unidos, hasta casi el 10% en la relación con el real brasileño. A partir de esta evidencia, queda preguntarse cuál será el rumbo que elegirá la autoridad monetaria: dejar que el tipo de cambio se aprecie para convertirlo en un ancla anti inflacionaria o acompañar a las monedas de la región para no perder competitividad, en especial con respecto a Brasil. Se trata de un interrogante al que solo el tiempo le dará su respuesta. Publicado en iProfesional

viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Cuál es la letra del alfabeto que mejor describe la salida de la crisis?

Como pocas veces en la historia económica moderna, la salida de la crisis genera en el mundo académico y de negocios intensas discusiones sobre la forma que adoptará en el futuro. Para eso los analistas apelan a figuras mediante las que intentan resumir el futuro de la economía global


En septiembre de este año Ben Bernanke, el titular de la Fed, anunció que ya observaba la aparición de los primeros “brotes verdes”, pero no se animó a emitir un juicio sobre las consecuencias de la mayor debacle en varias décadas. Fue precisamente esta dualidad en el mensaje un reflejo de cómo los mercados y los analistas avizoran el futuro inmediato.


Las opiniones están fuertemente divididas y las diferencias crecen a medida que surgen nuevos indicadores. Los más optimistas hablan de una pronta recuperación, mientras que en el otro extremo pronostican una recuperación mucho lenta de lo esperado.

La discusión apela al alfabeto
No será lo mismo que la reacción de la economía describa una forma similar a la U que a la V, o a la W. Las diferencias entre ellas resultan sobresalientes. Para la economía y, por supuesto, para las bolsas.


En términos alfabéticos, los bandos se dividen en:

L: implica caída y estancamiento posterior. El ejemplo clásico, según consigna Orlando Ferreres es Argentina entre 1998 y 2001. La explicación es que una vez que la economía toque fondo ingresará en un largo período de estancamiento y probablemente inflación. Esta alternativa recogió mucho adherentes al inicio pero se fue desdibujando con el tiempo.

V: esta forma es que pronostican los optimistas, que consideran que se registrará una recuperación acorde a una fuerte caída. El ejemplo clásico es Hong Kong entre 1997 y 1999.

U: la superación será pronunciada pero mucho más lenta, de acuerdo a los daños que generó la crisis. Los analistas la asocian a lo ocurrido en Japón entre 1998 y el 2000.

Este es el escenario elegido por Nouriel Roubini, uno de los garúes más respetados por Wall Street. El “doctor catástrofe” considera que “no habrá una recuperacón rápida ni nada por el estilo. El riesgo de una nueva caída de la economía es, por el momento, poco probable”.

W: una cierta recuperación inicial sería seguida por una nueva contracción que eche por tierra todo el crecimiento logrado hasta ese momento. El ejemplo más claro es Suecia entre 1991 y 1993, período en el cual sobrevino una nueva crisis luego de una recuperación inicial.

Las razones que dan los partidarios de la W en la reactivación global son el incierto equilibrio de factores positivos y negativos que se ciernen sobre el horizonte. Si bien se diluyó la posibilidad del colapso del sistema internacional de pagos, ello no dio lugar a un crecimiento económico de niveles anteriores al estallido de la crisis económica.

El premio Nobel Joseph Stiglitz se suma a esta posición, cuando considera que “la crisis no ha terminado”. En su opinión la economía a nivel global será débil por al menos otros tres años con un aumento del desempleo y la pobreza”.

Paul Krugman, otro economista laureado por la Academia de Ciencias sueca, afirmó recientemente que espera una recaída de los mercados en los próximos seis a ocho meses, por lo que también abona a esta teoría.

Para muchos, esta posibilidad es la que genera la mayor preocupación. Es decir, que después de una sólida caída se produzca una especie de tímida recuperación que no sería sino una cicatrización en falso a la que seguiría una nueva caída tras la cual sí llegaría la recuperación definitiva.

Según las perspectivas financieras de Saxo Bank, es factible una recuperación en 'W' en las economías desarrolladas y que transcurran "otros 18 meses hasta que se materialice ese empeoramiento posterior a la reactivación primera”.

X: quienes eligen por esta letra esgrimen el argumento de que a esta altura de las circunstancias, es casi imposible prever como evolucionará la crisis.

Dejen el abecedario, practiquen matemáticas

Todas las definiciones bajo formas de letras parecen haber quedado atrás. La última teoría sobre la salida es que se parecerá más a la de una raíz cuadrada, es decir, tras un primer rebote, la recuperación económica será frágil y lenta y se asentará en un crecimiento medio inferior al de ciclos anteriores, debido a que el consumo y la inversión van a ser menores que en la etapa anterior.

Es la visión que tienen por ejemplo los expertos de UBS, que apuestan abiertamente a esta alternativa por varios factores:
  • El desapalancamiento de los balances de bancos, empresas y familias;
  • La suba de las tasas de interés,
  • La absorción de liquidez por parte de los bancos centrales a partir del 2010
  • Un crédito cada vez más escaso y caro,
  • Un exceso de capacidad productiva,
  • Un consumo débil debido a la elevada tasa de desempleo y
  • Un enorme déficit público que obligará a subir los impuestos y reducir el gasto


Según una encuesta realizada por elEconomista, el 65% de los expertos consultados asegura que esta es la forma que más probabilidades tiene de concretarse en el futuro. Tras ella figuraría la W, que suma el 17% de las adhesiones y la U, que es apoyada por el mismo número de expertos.


En cuanto a la V, según los analistas, no será escrita en esta historia económica, ya que ninguno considera que haya probabilidades de que se produzca un crecimiento tan rápido.


A esta postura se suma el ex presidente del Banco Central Mario Blejer, quien afirmó en una reciente presentación organizada por el Banco Meridian que son pocas las probabilidades de proyectar una salida en forma de "W" con una segunda caída, pero al mismo tiempo descartó una recuperación en forma de "V", como lo fue después de la crisis del 2001.


Para Blejer, la W está casi descartada, pues “al menor atisbo de recaída, habrá una profundización de las políticas monetarias y fiscales en EE.UU. No hay que olvidarse que el 2010 será un año electoral”


"La pregunta que se viene es si estamos frente a un V o una W, si se viene una recaída hasta llegar a un crecimiento sostenido o no. Creo que la posibilidad de una W es baja pero parece que tampoco es una V, sí una raíz cuadrada, es decir, crecimiento más alto pero no tanto como en los niveles precrisis", apuntó.


Para el economista, “las políticas activas ayudan a salir pero tienen secuelas que pueden llevar a nuevas burbujas o crisis en el futuro mediato”.


El premio Nobel de Economía 2005, Robert Aumann coincidió con Blejer, cuando aseguró que “los efectos negativos llegarán cuando Obama ya no esté en la presidencia, no se verán los malos efectos en tres o cuatro años sino en ocho”.


Los motivos que esgrimió Blejer al defender su posición se basaron en el elevado endeudamiento del consumidor medio de EE.UU., el elevado desempleo y la fuerte pérdida de riqueza a nivel agregado en ese país.


¿En dónde se encuentra la economía hoy?
La mayoría de los analistas estiman que la economía se encuentra en la segunda parte de este signo, es decir, sufrió una rápida contracción económica seguida de una recuperación, que da paso a un periodo de largo letargo y cuyo reflejo sería un crecimiento estancado en los próximos ejercicios.


De hecho, aseguran que la mejoría de los últimos meses se debe a una recuperación financiera más que económica. Es decir, está siendo empujada por fuertes subas de los mercados de acciones en los últimos meses y precios de las materias primas, en vez de tener un impacto directo en el consumo interno.


Los problemas como el desempleo, que es pieza clave en la economía, siguen estando presentes y las mejoras reales han sido muy escasas o inexistentes.


"A corto plazo creemos que los datos económicos van a ser positivos, como consecuencia de las inyecciones de liquidez de los bancos centrales y los efectos positivos de las medidas fiscales (que no se agotarán hasta mediados de 2010). “La clave es si, una vez agotados, hay demanda interna suficiente para seguir creciendo", dijo Rosa Duce, economista del Deutsche Bank.


La experta añade que dado el incremento del desempleo y la necesidad de corregir el alto endeudamiento público en EE.UU. y Europa, lo más probable es que por delante vengan años de crecimientos inferiores a lo que deberían hacerlo.


El efecto sobre los mercados
Las bolsas se nutren de expectativas y éstas serán diametralmente distintas entre una y otra letra. Si pudieran elegir, los mercados bursátiles se inclinarían por una V, ya que la recuperación sería rápida.


La W implica que primero se produciría una leve reacción, a la que seguiría una recaída antes de consolidarse la verdadera recuperación. ¿Y una U? Reflejaría que la economía permanecería paralizada durante un tiempo antes de reactivarse.


En el caso de la raíz cuadrada -también apodada por algunos gestores como el signo de la marca deportiva Nike-, describiría una acelerada reacción inicial, tras la que sobrevendría un duradero letargo.


La bolsa se anticipa a la economía en torno a seis u ocho meses, por lo que va por delante de los datos económicos que se están conociendo en la actualidad. Por eso, las presentaciones de los resultados son seguidas con mucho detenimiento por toda la comunidad financiera, ya que los principales índices se encontrarían ahora en la parte más alta de la raíz cuadrada y de los resultados dependerá su evolución en el futuro.


Los expertos consideran que el principal problema vendrá cuando las bolsas entren en el tramo horizontal de la raíz cuadrada, ya que la volatilidad puede marcar la tendencia de los mercados, con subidas y caídas abultadas. Y es que consideran que 2009 va a cerrar con unas revalorizaciones difíciles de repetir.







martes, 6 de octubre de 2009

Wall Street cree en siete verdades que suelen ser falsas

Muchas veces los mercados se dejan llevar por leyendas que más de una vez demostraron ser claramente nefastas para los inversores





Muchas veces los mercados de capitales se dejan llevar por leyendas o premoniciones, que más de una vez demostraron no ser para nada rentables. El abanico de suposiciones va desde suponer que las administraciones republicanas son favorables para los mercados, a que octubre suele ser un mes negativo para las acciones y hasta el supuesto que las guerras son beneficiosas para los inversores.

En los últimos tiempos estas ideas fuerza chocaron con la realidad. Ni siquiera los analistas eligen siempre los mejores activos. Y los inversores, menos.

El mercado prefiere a los republicanos. Según Ned Davis Research, la variación anual del Dow durante el mandato de presidentes demócratas del 4 de marzo de 1901 al 8 de julio de 2008 fue levemente superior al 7 por ciento. Pero cuando estuvieron los republicanos al frente de la Casa Blanca, ese rendimiento se redujo a la mitad. El mejor desempeño del mercado bursátil hasta el momento se produjo durante la presidencia de Bill Clinton, un demócrata.

Es posible predecir el ciclo del mercado basándose en el ciclo presidencial de EE.UU. El mercado bursátil tiene pocas cosas con las que uno pueda contar. Según cuenta la historia, el primer año del mandato de un presidente es el más débil para las acciones, y el tercero, el más fuerte.

El segundo y el cuarto año tienden a ser promedio. La frase clave es “tienden a”. Según la tradición del ciclo presidencial, 2008 debería haber sido un año normal, pero el S&P 500 cayó un 37%. Y este año, que debería haber sido malo, el S&P 500 ha subido un 13,5%.

Octubre suele ser el mes que mata a las acciones. El peor mes para los mercados es septiembre, no octubre. En septiembre la variación promedio mensual en el precio del Dow Jones desde 1900 fue negativa en el 1,1%. Por lo general en febrero y mayo también se producen pequeños descensos. Octubre, con un alza promedio del 0,1% es apenas el cuarto mes de peor desempeño. Es cierto que en octubre se registaron numerosos desplomes bursátiles, pero hubomuchos octubres inolvidables.

La guerra es algo bueno para el mercado. Como el gasto en la Segunda Guerra Mundial ayudó a la economía de EE.UU. a salir de la Gran Depresión, muchas creen que un creciente gasto militar se correlaciona con un mercado bursátil alcista. Con frecuencia esto no es cierto. El mercado avanzó poco en los años setenta, cuando la Guerra de Vietnam estaba en su apogeo. Y tuvo una época de auge en los años ochenta, una década que podría considerarse de relativa paz.

Las mejores empresas ofrecen las mejores acciones. Las acciones suben cuando una compañía supera las expectativas. Las mejores empresas normalmente inspiran grandes esperanzas entre los inversores, que son difíciles de superar. Analistas comenzaron a escribir sobre acciones en 1972, cuando las 50 empresas favoritas de los inversores estaban en boga. Compañías como International Business Machines Corp., McDonald’s Corp. y Xerox Corp. eran tan adoradas universalmente que los inversores pagaban gustosos 60 veces sus beneficios por poseerlas.

Efectivamente, eran buenas empresas y sus beneficios continuaron subiendo por diez años o más. No obstante, eran malas acciones, porque la gente pagaba de más por su éxito previsto. El equivalente actual es Apple Inc. El fabricante de productos como los ordenadores iMac, los teléfonos móviles iPhone y los reproductores portátiles de música iPod, es muy rentable, no tiene deuda y es admirado en todo el mundo.

Esa es la razón por la que las acciones se venden por 32 veces los beneficios, más de seis veces el valor contable y casi cinco veces los ingresos. Apple es una compañía fabulosa. Pero se pronostica que por dos años solo será una acción promedio.

Los analistas son una buena guía para seleccionar acciones. Estos personajes son inteligentes, conocen a los directivos de una empresa mejor de lo que un simple inversor podrá hacerlo, trabajan muchas horas y tienen asistentes jóvenes y hábiles. Nada de eso necesariamente los vuelve capaces para seleccionar acciones. En un estudio, que comenzó hace diez años, las acciones más favorecidas por los analistas tienen un desempeño inferior al del índice Standard & Poor’s 500. Los analistas tienden a dejarse engañar.

Cronometrar el mercado puede mejorar considerablemente sus rendimientos. Hay menos “cronometradores del mercado” exitosos que luchadores de sumo delgados. La mayoría de las personas que intentan cronometrar el mercado acaban perdiéndose los repuntes inesperados que representan una parte considerable de las alzas a largo plazo del mercado. Por ejemplo, el tirón alcista de esta primavera lo hubieran pasado por alto.