miércoles, 8 de abril de 2020

¿Cuánto tiempo le demandará a la Bolsa recuperar el terreno perdido?

Los estragos que está generando la pandemia de Covid-19 en todo el mundo tienen su correlato en los mercados de capitales, en los que la huida masiva de los inversores hacia refugios considerados más seguros afecta de manera directa la evolución de los índices de referencia, tanto de los países desarrollados como emergentes. En tal sentido, si se toma como ejemplo la evolución reciente del Dow Jones Index (DJI), este responde en su faz inicial a lo sucedido en los grandes desplomes de la historia reciente, ya que a menudo ocurren después de un largo período de presión de compra y a partir de la aparición de determinadas circunstancias negativas. No obstante, dado el escaso tiempo transcurrido desde su eclosión, que no hace otra cosa que reflejar lo que sucede en la economía real, no está de más repasar que sucedió en las grandes crisis a partir de la del 30. El derrumbe de Wall Street en octubre de 1929. Se la considera la mayor crisis bursátil de la historia de Estados Unidos. El DJI cayó un 75% en forma casi ininterrumpida a lo largo de 30 meses, pues tocó un piso en marzo de 1932. A partir de ese momento alternó subas y bajas pero solo recuperó el nivel previo a la crisis en marzo de 1959, es decir casi treinta años después. Lunes Negro de octubre de 1987. Afectó a los mercados de valores de todo el mundo, incluyendo Hong Kong, Londres y Berlín, entre muchos otros. Ese día el Dow Jones perdió más de 500 puntos en tan solo unas horas, lo que supuso una caída de casi un 22%, pero el clima de pánico hizo que la caída solo se frenara en noviembre de ese año, con un saldo negativo del 34 por ciento. El DJI solo recuperó los niveles previos a la crisis en agosto de 1989, es decir que tuvo que esperar casi dos años para alcanzar los 2.700 puntos de aquel entonces. A diferencia de la otra gran crisis, esta no tuvo el mismo impacto en la economía debido a las medidas tomadas por la FED, que intervino rápidamente en el mercado para recortar las tasas de interés y apuntalar la liquidez. La crisis de las “punto.com”. En enero de 2000 el mercado reaccionó en forma espontánea y muy negativa ante la burbuja que formaron las compañías proveedoras de servicios de internet que salían al mercado en busca de nuevos inversores. Todo se precipitó a principios de ese año y afectó en particular al Nasdaq, el índice tecnológico que acogía a estas nuevas compañías. Pero el DJI también sufrió el impacto, pues a partir de ese momento ingresó en un ciclo negativo que se vio afectado aún más por los atentados del S-11. Por la suma de estos y otros factores recién logró consolidar su piso en septiembre de 2002, acumulando una pérdida del 36 por ciento y solo logró recuperar los niveles de fines de 1999 en septiembre de 2006. El desplome de las subprime en 2008. El mayor impacto en las cotizaciones se produjo cuando el Congreso de EE.UU. rechazó un proyecto de ley de rescate bancario, pero las causas de la caída se venían acumulando desde mediados del año anterior. La profundidad de la crisis fue tal que el DJI debió afrontar una caída del 61% que solo se frenó en marzo de 2009 y apenas logró volver a los niveles previos en enero de 2013, es decir luego de más de 5 años. ¿Cuál es el escenario actual? Poco alentador, pues en cuestión de días el índice por excelencia de Wall Street retrocede cerca del 40%, es decir un porcentaje similar al de los años 1987 y 2000, pero a un ritmo mucho mayor y todavía no se sabe cual será su piso ni cuando lo encontrará y mucho menos cuanto tiempo le llevará recuperar el terreno perdido. Pero a manera de referencia, vale reiterar que las grandes crisis recientes llevaron entre 2 y 7 años para volver a los niveles previos. Entonces, de ahora en más todas son suposiciones, pero lo que sí está claro que al igual que en el 29 la bolsa venía arrastrando un largo período ininterrumpido de subas y que la economía global se verá seriamente afectada, al menos en el corto plazo. Y eso lo saben los inversores. Será cuestión de esperar. Publicado en Bank Magazine

El ranking de las empresas argentinas que más valor perdieron por la pandemia

La pandemia de coronavirus está asolando no sólo a la salud de la población mundial, sino que está generando un duro golpe en los mercados financieros mundiales y en las cotizaciones de las empresas en la Bolsa. Las compañías argentinas no son ajenas a ello, debido a que el valor bursátil de todas las firmas líderes que cotizan en Buenos Aires llegó a derrumbarse, desde que se desató la pandemia el 13 de febrero pasado, unos u$s8.000 millones, si se toman las cotizaciones alcanzadas antes del fin de semana largo. Esto fue aminorado en la última jornada negociada tras los feriados, ya que el miércoles el S&P Merval registró un alza del 10% y los números generales "mejoraron" transitoriamente, al arrojar hasta el momento pérdidas totales en la cotización de las empresas de u$s6.900 millones en las últimas seis semanas. Igualmente, las pérdidas preocupan a los inversores de la City, y a las propias empresas, ante un factor externo que genera incertidumbre y no deja visualizar cuándo se disipará. Cabe recordar que desde que se produjo el primer caso registrado de coronavirus el 17 de noviembre de 2019, y a lo largo de varias semanas, la gran mayoría de los mercados bursátiles del mundo se mantuvieron al margen del problema, pese a que a mediados de enero se informó oficialmente del brote del virus en la ciudad de Wuhan. Ya sobre fines de ese mes se conoció que el virus llegó primero a Europa, azotando inicialmente a Italia y España, y más tarde se trasladó a Estados Unidos y el resto de América. Pero a partir del 12 de febrero de este año todo cambió, pues ese día inversores y analistas comenzaron se hicieron eco de la incertidumbre que generaba la imposibilidad de poder evaluar los daños que le podría infringir esta pandemia a una economía global que ya venía mostrando ciertos indicios de debilidad. Fue precisamente ese día cuando las principales bolsas de Occidente se despertaron de golpe y asumieron la gravedad del problema, pues de ahí en más se ingresó en un período de extrema volatilidad en el que con una diferencia de apenas cinco días se estuvo en presencia de dos de las mayores cinco caídas del Dow Jones de la historia, ya que el 12 de marzo cayó un 10% y el 16 de marzo otro 12,9 por ciento. Si bien desde el inicio de la crisis bursátil hubo algunos momentos de "tregua" para los mercados, que en algún momento concretaron subas del orden del 9%, el saldo hasta el presente es muy negativo. En tal sentido, en Wall Street el que está llevando la peor parte es el índice Dow Jones, ya que acumula una caída cercana al 28% desde el 13 de febrero a la actualidad, por lo que retrocedió a niveles de abril de 2017. En igual dirección, los otros indicadores de referencia de la bolsa estadounidense también muestran importantes pérdidas desde mediados del mes pasado a la fecha, pues el S&P 500 retrocede un 27% y el tecnológico Nasdaq el 24 por ciento. En el Viejo Continente la situación no difiere demasiado de lo que se vive en la Gran Manzana en el mismo lapso, pues los retrocesos van del 27% en los casos de las bolsas Londres, Frankfurt y París, hasta el promedio de 32% del desplome del IBEX de Madrid y de la Bolsa de Milán. Curiosamente, en Asia los mercados de Shanghai y de Singapur muestran pérdidas más acotadas en los últimos 40 días, pues caen en promedio cerca del 7%, con una recuperación marcada en las últimas ruedas. En el caso de América latina la peor parte la lleva el Bovespa de San Pablo, pues en reales la baja es del 35%, pero si se la calcula en dólares pasa a ser del 46%, por la fuere devaluación que se registró en Brasil. El impacto en Argentina Finalmente, el S&P Merval sufrió un retroceso del 34% desde el 13 de febrero a la fecha. Una caída que fue aminorada por la recuperación del 10% que tuvo en la rueda del miércoles. En este contexto, la peor parte la deben afrontar YPF, ya que su cotización retrocede 52% en los últimos 40 días, e incluso llegó a desplomarse 60% hasta el viernes pasado. En este grupo se ubican tres acciones bancarias: Grupo Galicia, que baja 46% en estas últimas seis semanas; Macro, que desciende 43%, y Supervielle, que resta otro 38% en el mismo período. Cierra este grupo Mirgor, con una disminución del 45%, y Comercial del Plata, que cae 41,7 por ciento. En sentido inverso, las que mejor están capeando la crisis desde el 13 de febrero hasta el momento, son Pampa y BYMA, ya que muestran retrocesos de "apenas" el 11% y 16%, respectivamente. Estas abruptas bajas en las cotizaciones tuvieron lógicamente un impacto devastador en la capitalización bursátil de las empresas que conforman el Panel Líder, ya que pasó de unos u$s20.500 millones a poco más de u$s13.600 millones en tan pocas semanas. Es decir que la pérdida acumulada es del orden de los 6.900 millones de dólares. En tal sentido, la más afectada fue YPF, pues enfrenta una merma del orden de los u$s2.060 millones, seguida por Telecom, con una pérdida de u$s1.300 millones, y Grupo Galicia, con poco más de u$s1.026 millones. Finaliza este grupo más notorio Macro, con una pérdida de valor en la Bolsa local de 938 millones de dólares. Para los "unicornios argentinos" que cotizan en Wall Street la crisis también ha pegado con inusitada violencia, siendo el más afectado, si se lo mide en dólares, Mercado Libre, pues su capitalización bursátil ronda hoy los u$s24.000 millones, cuando a principios del corriente mes superaba los u$s31.000 millones. Es decir que en cuestión de días vio cómo se evaporaban unos 7.000 millones de dólares de su valor en Bolsa. En el caso de Globant, la pérdida ronda los u$s1.400 millones, pues pasó de unos u$s4.660 millones a u$s3.290 millones. Por su parte, Despegar también sufrió un duro revés, debido a que su precio de mercado que era de u$s1.050 millones cuando empezó la crisis mundial y se redujo a menos de la mitad, con una pérdida estimada de u$s626 millones. Medidas urgentes del BCRA: vuelve el clearing bancario y flexibilizan penas para los cheques sin fondos Teniendo en cuenta la magnitud de las caídas, más de un inversor ya comienza a verse tentado a entrar, sobre todo el más arriesgado, pero para ello es necesario, en primer lugar, contar con la liquidez necesaria y, sobre todo, acertar con el momento de entrada. Sobre este punto, Agustín Trella, gerente de Balanz, considera que "en estos momentos el inversor que está líquido tiene opciones para darse vuelta y responder rápidamente ante un cambio en el rumbo de mercado, que amerite modificar la estrategia de la cartera". No obstante, el ejecutivo sostiene que "las condiciones actuales del mercado requieren de tomar decisiones ultra conservadoras en pos de resguardar el dinero y evitar que la volatilidad afecte nuestra cartera de inversiones. El principio que hay que respetar como primera medida consiste en tener una cartera diversificada para atenuar lo máximo posible los efectos negativos de los bruscos movimientos de precios de los activos financieros". Todo ello en un contexto en el que el gran dilema a resolver es la manera en que evolucionará la pandemia y, por lo tanto, su impacto global tanto a nivel sanitario como económico. Esto es lo que hace que muchos estén a la espera de alguna noticia que modifique el rumbo de los acontecimientos. Es aquí donde entran a jugar qué decisiones adoptarán los diferentes países para tratar de evitar una recesión que está a la vuelta de la esquina. Más aún, una vez comprobado que las medidas de estímulo anunciadas por la FED y el BCE no parecen haber dado los resultados esperados, al menos en lo inmediato. Sobre este punto, el economista Jorge Vasconcelos de la Fundación Mediterránea traza un paralelismo entre la crisis actual y la de las subprime y afirma que tienen que "la crisis que detonó en 2008 en Estados Unidos arrastró al mundo a una recesión, que se vivió con crudeza en 2009". Para acotar que la Argentina la sufrió (agravada por una sequía) y, sin embargo, "poco tiempo después el país estaba batiendo record de crecimiento, con una suba del 10,1% del PIB en 2010". "En aquel momento", agrega, "hubo un punto de inflexión nítido, ya que a partir de sucesivas quiebras bancarias los bancos centrales de países desarrollados ejecutaron un masivo operativo de rescate y suministro de liquidez". En la actualidad, desde su visión, la crisis transcurre por otros carriles, ya que todavía no puede dimensionarse el impacto en términos de vidas humanas y de parate económico del coronavirus, mientras que nuestro país hoy carece de los instrumentos de política económica de los que disponía en 2008. Finalmente, Vasconcelos concluye que "falta el ´momento Lehman´ de esta crisis, que ahora amenaza con multiplicarse en países como Estados Unidos y en el hemisferio sur". Publicado en iProfesional

El coronavirus desata nueva ola de devaluaciones y pone mayor presión sobre el peso argentino

El impacto económico del COVID-19 comenzó a hacerse sentir en la mayoría de los países de la región. La situación se configura como un shock externo de magnitud: las diferentes monedas se deprecian ante la fuga de capitales a destinos más seguros por la incertidumbre que la enfermedad genera. Es más, con su aparición, el coronavirus no hace otra cosa que acelerar una tendencia que ya se venía observando en los meses previos, según la cual todas las monedas de la región perdieron valor con respecto a la divisa estadounidense. En Argentina, esta situación genera una inquietud adicional, porque implica un movimiento devaluatorio justo en un momento en el que el Gobierno apela a la estabilidad cambiaria como un pilar del programa económico y como ancla del resto de los precios. La peor parte la lleva el real brasileño, ya que se depreció más del 14% para alcanzar un nivel récord de 4,63 reales por dólar. Le sigue de cerca el peso chileno, que perdió un 11,4%; y luego se posicionan el peso uruguayo, con el 6,5%; y el guaraní, con 5,9 por ciento. Aún más abajo se ubican México y Argentina, que promedian el 4,3%; y Colombia, con el 0,5 por ciento. Para poner en perspectiva lo sucedido en Brasil, hay que señalar que la inflación esperada para el corriente año en el vecino país es del orden del 3,6%. Es decir que el alza del dólar ya cuadruplica dicha estimación. Según los analistas consultados por iProfesional, son varios los motivos que coadyuvaron a esta situación. Entre ellos, se puede mencionar que a mediados de noviembre el Banco Central de Brasil comenzó a convalidar una tasa de interés extremadamente baja, algo inusual en esa economía. Aún con la moneda en declive, el ministro de Economía Paulo Guedes insiste que en su país "se terminó la época del dólar barato". Ya en el orden político, las dudas de los inversores se centran en la posibilidad concreta que pueda tener el presidente Jair Bolsonaro de lograr aprobar las diferentes reformas estructurales en las que está tratando de avanzar. La cuestión es que el mercado pone en tela de juicio si podrá concretarlas. Este punto es, en su opinión, fundamental para que Brasil retorne a la sendera del crecimiento sostenido. Entonces, con la crisis del coronavirus que impacta a nivel global y las dudas sobre la efectividad de la política interna de Bolsonaro, los fondos de inversión optaron por salir del país para refugiarse en títulos más seguros, como son los del Tesoro de los Estados Unidos. Según datos oficiales, a lo largo de febrero la salida de recursos extranjeros de la Bolsa de San Pablo rondó los u$s3.500 millones. El peor día fue, curiosamente, el miércoles de Cenizas, cuando tras los feriados de Carnaval los retiros de la Bolsa de San Pablo superaron los u$s600 millones. La baja en las cotizaciones del Bovespa estuvieron en el orden el 7 por ciento. De esta manera, al cabo del primer bimestre la salida de fondos ya supera los u$s7.500 millones. En comparación, a lo largo de 2019 la fuga rondó los u$s10.000 millones, lo cual da una idea de la magnitud de la crisis. Efecto coronavirus en el cono sur Si bien en menor medida que en Brasil, la situación en Chile es parecida, pues el dólar pasó de los $739 a los actuales $824 en cuestión de semanas. En lo que va del año, los inversores externos han retirado capitales por unos u$s4.100 millones, lo que impacta en la oferta de dólares, y en consecuencia, presiona al tipo de cambio al alza. "Luego de que todo el mes estuvo más bien plano, la salida que se registró en algunos días puntuales sobre el fin de mes y en lo que va del actual es relevante, pues no se veía un monto así desde hace un tiempo. En las últimas semanas los movimientos fueron, entre salidas y entradas, por montos en torno a los u$s200 millones", explica la economista de Euroamerica, Martina Ogaz. "Desde el inicio del brote de coronavirus, el flight-to-quality o fuga a la calidad se ha incrementado y eso ha llevado a una salida de agentes externos, lo que genera presión sobre el peso chileno. Esto se observa a nivel global, no sólo por la situación particular de Chile", confirma la economista de Bci Estudios, Francisca Pérez. En Uruguay, por su parte, la cotización del dólar alcanzó un nuevo máximo desde el 1° de marzo de 1993, cuando empezó a circular el peso uruguayo como moneda (más allá de que se trata de un hecho anecdótico, ya que económicamente no implica nada por el largo período transcurrido). Una fuente del gobierno uruguayo consultada sobre la forma en que se viene administrando la situación cambiaria, expresó que "no hay cambios en la estrategia del BCU, ya que se evalúa la situación día a día y mientras el dólar siga la tendencia de los mercados relevantes, no amerita una intervención decisiva". No obstante estas afirmaciones, los inversores y analistas están a la espera de las primeras señales que emitan las nuevas autoridades económicas del país, a días de haberse registrado el cambio de gobierno. Precisamente, el presidente Lacalle Pou afirmó recientemente que "Uruguay tiene que valorar la canasta de monedas con las cuales compite y la de la región, Brasil y Argentina. Diría que el dólar tiene que estar un poco por arriba, lo que no puede haber son saltos bruscos. Y agregó que "es difícil el control por el Banco Central de cuánto y cómo sube el dólar" Mientras tanto, el Banco Central de la República Argentina hizo pública su posición al afirmar que "tendrá "una política cambiaria de flotación administrada para evitar fluctuaciones pronunciadas de la paridad que generen efectos negativos sobre la competitividad, los precios internos y la distribución del ingreso". Dicha decisión se basa en el hecho que la estabilidad vigente desde agosto, en un marco de fuertes restricciones en el mercado, es una de las variables que permitiría, en estos meses, mantener la tendencia a la desaceleración de la suba de precios. Esta definición se comprueba en los hechos en la evolución del tipo de cambio en las últimas semanas, ya que solo a partir de febrero éste comenzó a trepar en forma leve pero sistemática, en un intento de evitar que se retrase frente al avance de la inflación. Pero claramente esta "plancha" de los precios comienza a generar inquietud entre los analistas. De hecho, para Matías Rajnerman, economista jefe de la consultora Ecolatina, "el tipo de cambio se atrasó mucho desde el cepo hard, eso obliga a que empiece a subir; de hecho el mayorista ya está encima de los $62, lo que demuestra que lo están dejando ir". El impacto sobre el tipo de cambio real de Argentina En los últimos seis meses, luego del salto registrado post-PASO, el dólar mayorista se mantuvo prácticamente sin variantes hasta fines de enero en torno de los 60 pesos. Luego comenzó a subir en forma moderada, hasta superar los $62 en la actualidad. Esta relativa estabilidad en las cotizaciones, que en gran medida se debió al permanente monitoreo que llevó a cabo el Banco Central, se contrapuso a una inflación que lejos de ceder, trepó en forma sostenida, en particular en el segundo semestre del año pasado. Como resultado de ello, el tipo de cambio real multilateral que elabora el Banco Central pasó de los 141 puntos a los 118 de la actualidad. Ese indicador surge del "Ponderado por el comercio de manufacturas" y actualmente le asigna a Brasil un peso del 30%, a Estados Unidos 13%, a China 15% y a la zona del euro un 20%. Si se analizara este período en forma aislada, se llegaría a la conclusión que en este lapso el tipo de cambio se apreció nada menos que un 16 por ciento. Pero si se considera un período más prolongado, se puede concluir que ese nivel de agosto del año pasado fue un fogonazo muy difícil de sostener y que el nivel actual está prácticamente en línea con los correspondientes al primer semestre de 2019. Más allá de esta visión de largo plazo, en los últimos tres meses, en coincidencia con la entrada en funciones del nuevo gobierno, se produjo un cambio sustancial en las condiciones de los mercados internacionales. Esto fue, en particular, por la inesperada y abrupta expansión del coronavirus, que puso en estado de alerta tanto a inversores como a los bancos centrales de la mayoría de los países. Como consecuencia de ello, y en forma silenciosa, la mayoría de las monedas perdieron frente al dólar, en un intento de no perder competitividad, lo cual impactó en forma directa en su relación con el peso argentino. De hecho, en estos tres meses el tipo de cambio real multilateral retrocedió casi 5 por ciento. En tal sentido y como surge del cuadro anterior, a excepción del correspondiente a China, pues el yuan se mantuvo sin variantes frente al dólar -que mejoró poco más del 2%-, en el resto de las zonas o países se registraron caídas: van desde 3,2% en el caso de la Zona Euro o los Estados Unidos, hasta casi el 10% en la relación con el real brasileño. A partir de esta evidencia, queda preguntarse cuál será el rumbo que elegirá la autoridad monetaria: dejar que el tipo de cambio se aprecie para convertirlo en un ancla anti inflacionaria o acompañar a las monedas de la región para no perder competitividad, en especial con respecto a Brasil. Se trata de un interrogante al que solo el tiempo le dará su respuesta. Publicado en iProfesional