martes, 19 de mayo de 2020

¿Qué es BlackRock, el mayor fondo de inversiones con el que debe negociar Guzmán?


Por estos días un medio digital publicó que uno de los ministros del área económica mandó averiguar si el fondo de inversión BlackRock tenía participación en alguna compañía cerealera y se sorprendió al saber que efectivamente es el dueño del 6% de Bunge. 
A partir de ese dato, se comenzó a fantasear con la idea que el fondo era una uno de los culpables de la disparada del dólar en las últimas semanas y que todo podría ser parte de una maniobra del fondo para presionar al Gobierno en medio de la negociación por la deuda.
Más allá de las teorías conspirativas, lo que sí es cierto es que las acciones y bonos de Argentina ocupan un lugar muy pequeño dentro del mapa de inversiones de BlackRock, ya que gestiona activos por más de 6 billones de dólares y es el mayor administrador de fondos de occidente, con participaciones accionarias en más de 17.000 empresas en todo el mundo. Es por ello que se lo considera como uno de los grupos financieros más influyentes en Wall Street y Washington, ​ así como en Europa.
No por nada, un prestigioso economista le susurró al oído a Martín Guzmán: “arreglá con Fink, que después aceptan todos”.
Haciendo un poco de historia, la compañía fue fundada en Nueva York en 1988 por Larry Fink y Robert S. Kapito, y se trata de un desprendimiento de otra firma del sector financiero: Blackstone.
Curiosamente, su enorme crecimiento se produjo a partir de la crisis del 2009, ya que de no mediar esa circunstancia, posiblemente no hubiera experimentado una evolución tan rápida sin los cambios sin precedentes provocados por la recesión. 
La historia de la consolidación de la posición actual de BlackRock es un fiel reflejo de la historia del sector financiero durante los últimos 10 años. 
En este lapso, BlackRock se benefició de determinadas coyunturas, como el auge de los fondos cotizados (los denominados ETF), los fondos de índices y la inversión con comisiones low cost; la menor tolerancia al riesgo por parte de los consumidores, el mayor nerviosismo de las instituciones y los planes del Gobierno para comprender este colapso y evitar otras crisis en el futuro.
En el caso de Argentina, en la actualidad posee bonos de deuda por unos u$s2.000 millones, mientras que en materia de acciones, entre otras inversiones, en 2019 tenía en cartera una participación del 5,2% en Pampa, 3,1% en Grupo Galicia, 2,6% en Banco Macro y menor al 1% en Globant, YPF, Telecom, TGS y BBVA. En tanto que, como ya se mencionara, posee un 6% del Grupo Bunge.
Entre sus múltiples inversiones en diferentes países, participa en algunas de las principales agencias de rating como Moody's (3,28%) y McGraw-Hill (3,84%). En otro orden, posee el 7% de la empresa que resultó de la fusión entre Bayer y Monsanto y alcanzó una participación del 5,11% en el grupo siderúrgico ArcelorMittal.
En España, en tanto, tiene invertidos unos 9.000 millones de euros en el sector financiero, siendo el principal accionista de Santander, con el 6% del capital y de BBVA, con el 5% y tiene cerca del 3% del Banco Popular. También es el tercero de Banco Sabadell y Bankinter
Por otra parte, posee participaciones en grandes empresas multinacionales españolas, como por ejemplo, Telefónica, con el 3,9% y Repsol, con otro 3,25 por ciento. A partir de estas y otras inversiones en empresas españolas se lo considera como el principal accionista del Ibex 35, que es el mercado bursátil madrileño, con más de 12.000 millones de euros
Algo similar sucede en México, donde mantiene posiciones en la mayoría de las empresas que cotizan en la bolsa local. casi duplicando al segundo mayor inversionista del mercado accionario The Vanguard Group.
Allí, sus mayores inversiones se concentran en América Móvil, la productora de cemento más grande de México Cemex y la embotelladora Coca-Cola FEMSA, entre otras. ​
En abril de 2020, la división de consultoría de BlackRock ganó un contrato de la Reserva Federal de Estados Unidos para gestionar su programa de estímulo financiero, lo cual desató acusaciones de conflicto de interés porque el programa incluye una línea de compra de participaciones en fondos cotizados y BlackRock controla la mitad de dichos fondos en Estados Unidos.
Detalles de la oferta de BlackRock
Este fondo, junto con Fidelity,Ashmore y T.Rowe confroman  el denominado Ad Hoc Bondholders Group. Entre todos ellos tienen bonos del canje de 2005 y también Globales emitidos a partir de 2016.
Su propuesta se basa en  una serie de 12 bonos nuevos, la mitad en dólares y la mitad en euros, sin quita de capital en ocho de ellos y con una quita de apenas 1% en cuatro: aquellos en euros y en dólares que maduran en 2036 y 2047.
La tasa de interés propuesta es del 4,44%, con un año de gracia y amortización de capital a partir de 2025. La propuesta implica un Valor Presente ligeramente superior a las otras dos; 60 dólares por cada 100 de deuda nominal, siempre calculada a una exit yield del 10%.
 De ser aceptada, generaría un “alivio” en el cash flow de u$s32.000 millones a lo largo de diez años.
 Entre otras cuestiones, exige que los intereses devengados durante el período de gracia se deben pagar a la madurez de cada serie.

lunes, 18 de mayo de 2020

¿Será la crisis actual igual o peor que la de las hipotecas subprime del 2009?





Desde el mismo momento en que se desató la pandemia del Covid-19 el mundo entero ingresó en un escenario de desconcierto generalizado, pues por primera vez en muchas décadas se enfrenta a una crisis cuyo origen es eminentemente sanitario. 

Esta es la gran diferencia respecto a las anteriores, como la del 30 o la de 2009 cuyos orígenes fueron inicialmente exclusivamente financieros.

En este contexto, lo que sí surgió como un común denominador por parte de un buen número de gobiernos, el establecimiento de diferentes formas de aislamiento social y la provisión en mayor o menor grado de asistencia financiera a empresas y personas, con la intención de tratar de sostener de alguna manera un mínimo nivel de actividad económica.

Todo ello en un contexto en el que prácticamente todos los indicadores económicos se derrumbaron, al tiempo que se dispararon los niveles de desempleo.

Si bien esta es la foto de la situación actual, si alguien tratara de imaginar como sigue la película, esta podría llegar a catalogarse en el mejor de los casos como una de suspenso y en el peor de los casos de terror.

El porqué de esta afirmación se basa en que existen pocos antecedentes sobre crisis de estas características.

Para peor, esta es de carácter cíclico y no sistémico, su capacidad de destrucción es mucho más abrupta, castigando tanto a la oferta como a la demanda.

Tanto es así que algunos analistas consideran que no ha existido una experiencia colectiva global tan traumática como la actual desde la II Guerra Mundial (1939-1945)

En este escenario, es previsible que la actual caída del nivel de actividad llevará a la quiebra de muchas empresas, dejando sin empleo a millones de personas en todo el mundo, con el consiguiente impacto sobre las economías familiares y sus patrimonios.

Este previsible default del sector privado podría provocar una nueva crisis en el sector inmobiliario debido a la ejecución de las hipotecas por falta de pago y una caída en los fundamentos del los bancos en lo que hace a la calidad de sus activos y rentabilidad. Es en este punto cuando el problema podría dejar de ser solo sanitario, para pasar a ser financiero.  

Es por ello que su rol podría ir cambiando con el transcurso de los meses, pues si bien hasta ahora actuaron como canales de distribución de los fondos de ayuda, de agravarse esta situación podrían ser ellos mismos los demandantes de ayuda gubernamental.

De esta manera se repetiría el problema de la crisis de 2008 en la que pese a la enorme cantidad de dinero que se emitió, este no circuló por la desconfianza reinante. Ahora el problema es que no sabemos cuándo parará la pandemia. Y es aquí donde la película es de suspenso.

En este contexto, la gran pregunta que tienen los economistas sobre la mesa es la forma que tomará la recuperación: ¿Tendrá una ‘V’ o una ‘U’? o adoptará la forma mas temida y será una ‘L’?. Entonces si, la película sería de terror, pues de ser así la recesión podría ser prolongada. 

Con algunos matices y bastante incertidumbre, la recuperación en ‘V’ podría ser el escenario más probable para la mayoría de los países, bajo el supuesto fuerte de que las políticas económicas son acertadas. .

Según los analistas, la actividad económica podría comenzar a recuperarse si todo va bien a partir del tercer trimestre de 2020. Pero todo dependerá, una vez más, de la evolución de la pandemia y del tiempo que el mundo se acomode a la “nueva normalidad”.

Pero cuidado, ya que un rebrote de la pandemia podría dar lugar a una recuperación en forma de ‘W’, aunque con un retroceso del PIB menor en la segunda caída.

Otro punto que está claro es que la recuperación no será igual para todos los sectores y empresas. En unos será más lenta que en otros, y posiblemente no todos vuelvan al nivel de actividad inicial, como consecuencia de los cambios en los patrones de consumo, en la organización de la producción y la logística.

Y aquí también jugará un rol preponderante el sistema financiero y la actitud que adopte frente a los nuevos desafíos. En tal sentido, una vez más se debe analizar cual es la situación en términos de liquidez, solvencia y rentabilidad. 

Hoy lo que sobra es liquidez, pero en caso de que comience a disminuir, nuevamente será clave la asistencia gubernamental para mantener en funcionamiento la economía y ello dependerá de hasta cuanto pueden seguir emitiendo y de las garantías que puedan otorgar.

En lo que hace a la solvencia, si bien hoy no está amenazada, será clave seguir de cerca la duración de la pandemia y la forma en que esta impacte sobre las empresas y las familias, ya que a su vez impactará en los activos de los bancos, debido a lo que se supone será un aumento descontrolado de la mora.

A manera de ejemplo, el banco Morgan Stanley estima que la tasa de morosidad se multiplicará por dos y el nivel de impagos podría crecer en forma exponencial.

De ser así, obligaría a los bancos a cubrir sus pérdidas con grandes dosis de dinero, por lo que la rentabilidad, que ya venía en baja en el primer trimestre, se vería seriamente afectada.

La cuestión es si tendrán suficiente capital, es decir solvencia para absorber el deterioro si -como sucedió en la crisis financiera- las provisiones y las consiguientes pérdidas son mucho mayores de las que esperan. Ahí existen muchas dudas. 

Entonces sí, el problema pasaría a ser financiero y los afectados seríamos todos. Gracias.  

jueves, 14 de mayo de 2020

¿En que lugar se ubica Argentina en el ranking mundial de defaults?





Ante la posibilidad cierta de que Argentina incurra en un nuevo default de su deuda, vuelve a la memoria colectiva lo sucedido a fines de 2001 y principios del año siguiente, cuando en un clima de jolgorio el por entonces efímero presidente Rodriguez Saa anunció ante un Congreso eufórico que se declaraba la cesación unilateral de pagos.

Debieron pasar varios años para que otra crisis, esta vez ajena, nos hiciera rememorar esos momentos. Se trataba de la ampulosa crisis griega, que puso en jaque a la poderosa Eurozona.

Si bien ambos acontecimientos de impago fueron los más voluminosos en cuanto al monto declarado, para desilusión de muchos ni Grecia ni la Argentina son las naciones con más crisis de deuda externa a lo largo de la historia.

En tal sentido, el país que más crisis de deuda externa ha tenido a lo largo de la historia es España, con 14 crisis relacionadas con compromisos financieros.

Así se desprende de un ranking de países con más defaults desde el siglo XVI (o su independencia) elaborado a partir de datos compilados por Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, de la Universidad de Harvard, y otros investigadores.

A España le siguen en orden de eventos Venezuela y Ecuador (con 11); Brasil (con 10), y Costa Rica, México, Perú y Chile (con 9), en tanto que hasta ahora Argentina figura bastante más abajo, con 8 eventos, por ahora y Grecia con 6.

En cambio, la Argentina si ostentó por algunos años el triste  récord de haber tenido el cese de pagos más grande la historia. Ocurrió precisamente en 2001, cuando no se cumplió con un pago de deuda equivalente a u$s77.000 millones, hecho considerado hasta ese momento por economistas como Jill Hedges como el default soberano más grande de la historia.

Sin embargo, algunos años después, la nueva marca la estableció Grecia en 2010, cuando quebrado por la crisis financiera que estalló en 2008, declaró un default por unos u$s276.000 millones. Se trató de una reestructuración que estuvo bajo los auspicios de la Unión Europea y el FMI.

De todas maneras, los economistas creen que es muy difícil hablar del "mayor default de la historia", ya que es complicado comparar cesaciones de pagos del pasado, en monedas cuyos valores son difíciles de actualizar, con las más recientes. Ahora el monto en juego ronda los u$s66.000 millones, es decir por debajo del impago de 2001

¿Cuál fue el primer default de la historia?

Demás está decir que la opción de declarar un “pagadiós” no es novedosa, ya que el incumplimiento del pago de una deuda es, al parecer, tan antiguo como la historia misma.

Los economistas ubican en Grecia la primera forma de default registrada, en el año 377 antes de Cristo, cuando una decena de polis -ciudades griegas- decidieron no cumplir con sus obligaciones financieras.

Sin embargo, la mayoría de las crisis de deuda en la Antigüedad se resolvieron a través de la inflación y las devaluaciones, con lo que se terminaba devolviendo menos dinero en términos reales, como una suerte de reestructuración de facto.

¿Las cesaciones de pagos son eventos extraordinarios o comunes?
Los economistas Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, de la Universidad de Harvard, contabilizaron los defaults de deudas soberanas (las declaradas por Estados) desde 1800 hasta la década de 2000 y su estudio llegó a 250 cesaciones de pagos en 200 años, es decir, un promedio de más de una por año.

Antes del siglo XIX los defaults se producían mayoritariamente por eventos extraordinarios como guerras y revoluciones, pero a partir de entonces han estado más vinculados al manejo financiero.

La conclusión de los investigadores de Harvard es que los defaults son inherentes a la economía global y no son tan raros y anormales como algunos países centrales, economistas ortodoxos y medios de comunicación quieren hacer parecer.

Según las Naciones Unidas sobre esta materia, los países en desarrollo han sido los más vulnerables a las crisis de deuda a partir de la década de 1950, ya que desde entonces ha habido más de 600 casos de reestructuraciones en unos 95 países, un fenómeno que el organismo considera "generalizado".

En sentido inverso, hay muy pocos países que dejaron de pagar sus deudas o las han reestructurado. Entre ellos figuran Suiza, Bélgica, Noruega, Finlandia, Corea del Sur, Singapur y Nueva Zelanda.

Curiosamente, países como EE.UU., Reino Unido y Alemania, si bien no tienen un historial limpio, son considerados "creíbles" por los mercados internacionales. En tal sentido, las principales razones son dos: porque han tenido largos períodos libres de defaults y porque son los grandes acreedores del mundo.